crecí caminando.
Aprendí con los pies:
escogía los senderos,
chapoteaba en los charcos,
pensaba con los pies.
Pero no sabía
¿A dónde me llevaban?
Al puente.
Ese claro puente de piedra pulida,
mármol.
Con baldosas de oro y columnas de diamante.
Llegué a él y mis pies no dudaron
Cruzaron el puente
Miré hacia atrás.
No había nada
Un pájaro se me acercó
Me pió al oído
Me cantó su experiencia
Era tan hermoso,
que mis pies dejaron de pensar
y mis ojos tomaron el poder mental.
Nunca penséis con los ojos.
El pájaro me guardaba bajo sus plumas,
con amor,
un amor mentiroso.
Yo amaba al pararillo.
Su plumaje resultó venenoso
Hasta que me mató
Pero era demasiado tarde,
para pensar con la cabeza

Comentarios
Publicar un comentario
¡Deja aquí tu comentario!